En un artículo publicado por INTA Informa, se indicó que “la próxima campaña de maíz presenta condiciones que permiten esperar buenos niveles de rendimiento. La mayor disponibilidad de agua prevista para el período crítico del cultivo abre una oportunidad para revisar las decisiones de manejo y acompañar ese potencial con una estrategia ajustada a las características de cada lote. En ese esquema, la fertilización nitrogenada ocupa un lugar central. Una expectativa de rendimiento superior permite considerar un mayor nivel de inversión tecnológica, siempre a partir de un diagnóstico adecuado del suelo y de las necesidades del cultivo”.
Fertilización #
El primer paso, según Salvagiotti, es conocer qué disponibilidad de nutrientes existe antes de definir la dosis. “Es importante salir a muestrear el suelo, ver cuánto tenemos y, en base a eso, diagnosticar la dosis”, explicó el especialista.
Por otra parte, el cultivo previo también va a afectar la disponibilidad de nitrógeno a la siembra del maíz. Además del nitrógeno, resulta necesario revisar posibles deficiencias de otros nutrientes como fósforo, azufre, boro o zinc y ajustar las distintas prácticas de nutrientes para corregir estas deficiencias.
Septiembre y más allá #
El especialista también enfocó la atención sobre el período de llenado de granos. En enero, el cultivo puede atravesar un balance hídrico menos favorable y temperaturas elevadas. “Siempre tenemos que tener en cuenta que en enero, que es cuando está el llenado del grano del maíz, tenemos un balance hídrico más desfavorable y picos de temperaturas que es otro factor que puede afectar el peso del grano”, detalló.
Paso a paso #
“Creo -concluyó Salvagiotti-, que es un año muy bueno para poder esperar alto rendimiento del maíz, en el cual el manejo tecnológico va a ser central para poder aprovechar esa oferta que tenemos de ambiente”.
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