Los tipsters recomiendan apuestas deportivas a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas especializadas. Lejos de la imagen cinematográfica del corredor de apuestas, oportunista y con una pequeña red local de clientes, se trata de un fenómeno profesionalizado y de alcance global. “Su estrategia en redes sociales consiste en generar contenidos que presentan el juego como una actividad rutinaria, rentable y socialmente aceptada”, explicó el profesor de Psicología Social de la UMH, Daniel Lloret Irles, colíder del estudio.
La vieja atracción piramidal #
“En este contexto, cabe preguntarse para quién trabajan realmente los tipsters”, señaló el investigador de la UMH. Porque, si bien el mensaje que transmiten es que ganan mucho dinero con sus apuestas y que quieren que otras personas también lo hagan, en la mayoría de los casos sus ingresos dependen de atraer nuevos usuarios a las casas de apuestas. De manera que los expertos han advertido la necesidad de estudiar cómo influyen estos mensajes en la población más joven.
“Los resultados muestran un patrón claro: los adolescentes que siguen a tipsters presentan mayores niveles de intención de apostar —tanto en plataformas online como en locales de apuestas físicos—, así como mayor frecuencia de juego y perfiles psicosociales de mayor riesgo”, explicó Lloret. Los datos muestran también que los jóvenes que siguen a tipsters perciben menos los peligros asociados al juego, creen que es una práctica más extendida entre sus iguales y muestran motivaciones más intensas para apostar, especialmente relacionadas con el dinero.
¿Cuestión de género? #
El estudio también detecta diferencias por género. Los chicos muestran mayor intención y frecuencia de juego que las chicas. “En el caso de los varones, se produce una tormenta perfecta”, precisó el investigador: “Sabemos que los hombres tienden a empezar antes, a apostar más en deportes y a hacerlo por impulsividad o por búsqueda de emoción. Y los mensajes de los tipsters —basados en el éxito, la estrategia y el control— encajan perfectamente con el perfil masculino del apostador”.
El contexto actual refuerza la necesidad de poner límites. Aunque en España la edad legal para poder apostar en juegos de azar es de 18 años, el 24,4% de los adolescentes de entre 14 y 18 años ha jugado. Así lo indica un estudio de 2025 del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, que apunta también a una prevalencia mayor en chicos (34,7%) que en chicas (14%). Además, casi un 5% presenta indicios de juego problemático.
“El lado positivo es que ahora sabemos que la exposición a tipsters puede actuar como una señal temprana de vulnerabilidad, incluso antes de que los jóvenes empiecen a apostar”, destaca Lloret. A partir de estos resultados, el equipo plantea la necesidad de reforzar la regulación del marketing de afiliación en el ámbito del juego, especialmente en redes sociales, así como el desarrollo de intervenciones preventivas. Entre ellas, proponen programas de alfabetización mediática dirigidos a familias y centros educativos, que ayuden a identificar estrategias persuasivas, desmontar la ilusión de control y ofrecer una visión más realista de los riesgos. Un ejemplo es el programa QTJ? (Qué te juegas) de la UMH.
Cita #
-
El estudio Who do tipsters work for? Tipster exposure and adolescent gambling (¿Para quién trabajan los tipsters? Exposición a tipsters y juego en adolescentes) fue publicado en el Journal of Gambling Studies
-
El artículo ¿Para quién trabajan los pronosticadores de apuestas? fue publicado en el sitio web de la Universidad Miguel Hernández de Elche
Contacto [Notaspampeanas](mailto: notaspampeanas@gmail.com)