Un equipo interdisciplinario de investigación —integrado por especialistas del INTA, el CONICET y la Universidad Nacional de San Luis— realizó un estudio de simulación a largo plazo para analizar las brechas de rendimiento y las limitaciones impuestas por la disponibilidad de agua y nitrógeno en pasturas de Panicum coloratum cv. Klein. Esta especie, ampliamente difundida en los sistemas ganaderos del centro del país, es valorada por su alta producción de forraje y su adaptación a condiciones de estrés hídrico.
Modelo Coloratum #
El trabajo se basó en el Modelo Coloratum, calibrado previamente con datos de campo, con el cual se simularon 40 años de producción de forraje (1979–2019) bajo cuatro escenarios contrastantes: uno con agua y nitrógeno disponibles en cantidad suficiente, otro con buena disponibilidad de agua pero con limitaciones de nitrógeno, un tercer escenario con suficiente nitrógeno pero con restricción de agua, y un último caso con limitaciones simultáneas de ambos recursos.
De acuerdo a la investigadora, en términos productivos, el modelo mostró que, cuando las pasturas contaron con buena disponibilidad de agua y nitrógeno, la producción promedio fue de 22 toneladas de materia seca por hectárea al año. En cambio, cuando ambos recursos fueron escasos, la productividad se redujo a 8 toneladas, lo que representa una brecha del 64 %.
“Cuando el único factor limitante fue el nitrógeno, el rendimiento descendió a 13 toneladas por hectárea, mientras que, en los casos donde el agua fue la restricción principal, la producción promedio fue de 15 toneladas, con una brecha del 32 % respecto del potencial”, indicó Lucero.
Si bien los ensayos a campo indicaban que el agua era el principal factor limitante —por registrar precipitaciones inferiores al promedio histórico (436 mm frente a 656 mm)—, las simulaciones a largo plazo revelaron otro panorama, puntualizó.
“El modelo nos permitió ver que, a escala temporal amplia, el nitrógeno explica una mayor proporción de la variabilidad en la producción”, detalló Karina Frigerio, investigadora del INTA San Luis. “Esto tiene implicancias directas en las estrategias de manejo: mejorar la disponibilidad de nitrógeno podría cerrar significativamente las brechas de rendimiento”.
En tanto, Germán Berone, especialista del INTA Balcarce, subrayó la relevancia de los modelos de simulación como herramientas de planificación. “Nos ayudan a entender la dinámica de los sistemas forrajeros y a proyectar escenarios futuros en contextos de variabilidad climática”, indicó.
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