Durante los meses cálidos del año el uso de repelentes de mosquitos suele aumentar con el objetivo de prevenir picaduras de este insecto, entre los cuales se encuentra, por ejemplo, el Aedes aegypti, transmisor de virus causantes de enfermedades como el dengue. El INTI acompaña a los fabricantes de estos productos a través del análisis del DEET, que es el “ingrediente funcional” (componente principal para cumplir su función) más utilizado.
“Nuestro trabajo consiste en analizar el porcentaje de DEET presente en cada repelente, para garantizar que el producto cumpla con las concentraciones de este ingrediente declaradas en su envase y pueda ofrecer una protección efectiva”, detalló Lorenzo Debiasi Robles del Departamento de Desarrollo Analítico y Control de Procesos del INTI.
“Al momento de comprar un repelente es importante tener en cuenta el porcentaje de DEET, porque ese valor impacta directamente en la duración de la protección. Por ejemplo, un repelente con 10% de DEET puede proteger 2 horas en promedio, mientras que uno con 24% puede durar hasta 5 horas”, detalló Debiasi Robles. En este sentido, agrega que la concentración máxima permitida por la autoridad sanitaria es del 30% y que el efecto puede variar con la transpiración, la actividad física o las condiciones climáticas.
El proceso de análisis comienza con la preparación de las muestras, un paso fundamental que requiere criterios minuciosos para asegurar que los resultados sean representativos y confiables. Para ello, se utilizan equipos de alta precisión, como el cromatógrafo gaseoso acoplado a un detector de ionización de llamas.
“Gracias a estos controles rigurosos, podemos asegurar que los repelentes que nosotros analizamos y están disponibles en el mercado contienen las concentraciones y las materias primas que manifiestan en su rótulo, cumpliendo así con lo declarado por el fabricante”, concluyó Debiasi Robles.